LUGAR DE ENCUENTRO DE LOS CREYENTES DE LAS DISTINTAS TRADICIONES RELIGIOSAS
lunes, 6 de febrero de 2017
lunes, 5 de diciembre de 2016
Papa Francisco sobre el Diálogo Interreligioso
Papa Francisco en la Audiencia General: «Para
favorecer el diálogo interreligioso lo que podemos hacer es rezar. Con el Señor
todo es posible»
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* «A causa de la violencia y del terrorismo se ha
difundido una actitud de sospecha o incluso de condena de las religiones. En
realidad, aunque ninguna religión es inmune del riesgo de desviaciones
fundamentalistas o extremistas en individuos o grupos (cfr Discurso al Congreso
EEUU, 24 de septiembre de 2015), es necesario mirar los valores positivos que viven
y proponen y que son fuentes de esperanza»
Vídeo completo traducido al español de
la catequesis en italiano del Papa
28 de octubre de 2015.- (13 TV / Radio Vaticano / Camino Católico) La audiencia general de esta semana ha sido una
audiencia interreligiosa para conmemorar los 50 años de la declaración
conciliar Nostra aetate, sobre las relaciones de la Iglesia católica con las
religiones no cristianas. Por ello, tras el habitual recorrido del Santo Padre
por la plaza de san Pedro y antes de la catequesis, han tomado la palabra el
cardenal Tauran, presidente del Pontificio Consejo para el Diálogo
Interreligioso y el cardenal Kurt Koch, presidente del Pontificio Consejo
para la Promoción de la Unidad de los Cristianos.
Estaban presentes en la plaza los participantes del
Congreso Internacional sobre la Nostra aetate que se está celebrando en la Pontificia
Universidad Gregoriana en Roma y representantes de varias religiones.
El purpurado francés ha dado al Papa las gracias “por
su luminoso testimonio que nos anima a seguir sobre el camino del diálogo
interreligioso, yendo al encuentro con los otros creyentes con una clara
conciencia de nuestra identidad, pero con un espíritu de gran respeto, estima y
amistad, listos para trabajar juntos con quien reza y piensa de manera diferente a la
nuestra”. También le ha agradecido “sus incesantes e
incansables invitaciones, dirigidas a nosotros creyentes y a todos los hombres
y mujeres de buena voluntad, a trabajar por la paz en el mundo eliminando las
injusticias y las desigualdades, y a cuidar nuestra casa común”.
Por su parte, el cardenal Koch ha asegurado que en
nuestros días, en un momento en el que surgen lamentablemente nuevas oleadas de
antisemitismo, “usted, Santo Padre, recuerda incesantemente a los
cristianos que es imposible ser al mismo tiempo cristiano y antisemita”. Por
eso, ha querido darle las gracias por su “mensaje inequívoco y por la
benevolencia que siempre ha mostrado hacia nuestros hermanos y hermanas
judíos”.
“El Señor desea que todos los hombres se reconozcan
hermanos y vivan como tales, formando la gran familia humana en la armonía de
la diversidad”, ha afirmado Francisco en la
catequesis. También ha reflexionado asegurando que "a causa de la
violencia y del terrorismo se ha difundido una actitud de sospecha y hasta de
condena de las religiones… Es necesario mirar los valores positivos que estas
viven y proponen y que son fuente de esperanza". En el vídeo se
visualiza y escucha toda la catequesis, cuyotexto completo es el siguiente:
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En las Audiencias generales hay a menudo personas o
grupos pertenecientes a otras religiones; pero hoy esta presencia es del todo
particular, para recordar juntos el 50º aniversario de la Declaración del
Concilio Vaticano II Nostra aetate sobre las relaciones de la Iglesia Católica con
las religiones no cristianas. Este tema estaba fuertemente en el corazón del
beato Papa Pablo VI, que en la fiesta de Pentecostés del año anterior al final
del Concilio había instituido el Secretariado para los no cristianos, hoy
Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso. Expreso por eso mi gratitud
y mi calurosa bienvenida a personas y grupos de diferentes religiones, que hoy
han querido estar presentes, especialmente a quienes vienen de lejos.
El Concilio Vaticano II ha sido un tiempo
extraordinario de reflexión, diálogo y oración para renovar la mirada de la
Iglesia Católica sobre sí misma y sobre el mundo. Una lectura de los signos de
los tiempos en miras a una actualización orientada a una doble fidelidad:
fidelidad a la tradición eclesial y fidelidad a la historia de los hombres y
mujeres de nuestro tiempo. De hecho Dios, que se ha revelado en la creación y
en la historia, que ha hablado por medio de los profetas y completamente en su
Hijo hecho hombre (cfr Heb 1,1), se dirige al corazón y al espíritu de cada
ser humano que busca la verdad y los caminos para practicarla.
El mensaje de la Declaración Nostra aetate es
siempre actual. Recuerdo brevemente algunos puntos:
·
La creciente interdependencia de los
pueblos ( cfr n. 1);
·
La búsqueda humana de un sentido de la
vida, del sufrimiento, de la muerte, preguntas que siempre acompañan nuestro
camino (cfr n.1);
·
El origen común y el destino común de la
humanidad (cfr n. 1);
·
La unicidad de la familia humana (cfr n.
1);
·
Las religiones como búsqueda de Dios o
del Absoluto, en el interior de las varias etnias y culturas (cfr n. 1);
·
La mirada benévola y atenta de la
Iglesia sobre las religiones: ella no rechaza nada de lo que en estas
religiones hay de bello y verdadero (cfr n. 2);
·
La Iglesia mira con estima los creyentes
de todas las religiones, apreciando su compromiso espiritual y moral (cfr n.
3);
·
La Iglesia abierta al diálogo con todos,
y al mismo tiempo fiel a la verdad en la que cree, por comenzar en aquella que
la salvación ofrecida a todos tiene su origen en Jesús, único salvador, y que
el Espíritu Santo está a la obra, fuente de paz y amor.
Son tantos los eventos, las iniciativas, las
relaciones institucionales o personales con las religiones no cristianas de
estos últimos cincuenta años, y es difícil recordar todos. Un hecho particularmente
significativo ha sido el Encuentro de Asís del 27 de octubre de 1986. Este fue
querido y promovido por san Juan Pablo II, quien un año antes, es decir hace
treinta años, dirigiéndose a los jóvenes musulmanes en Casablanca deseaba que
todos los creyentes en Dios favorecieran la amistad y la unión entre los
hombres y los pueblos (19 de agosto de 1985). La llama, encendida en Asís, se
ha extendido en todo el mundo y constituye un signo permanente de esperanza.
Una especial gratitud a Dios merece la verdadera y
propia transformación que ha tenido en estos 50 años la relación entre
cristianos y judíos. Indiferencia y oposición se transformaron en colaboración
y benevolencia. De enemigos y extraños nos hemos transformado en amigos y
hermanos. El Concilio, con la Declaración Nostra aetate,
ha trazado el camino: “si” al redescubrimiento de las raíces judías del
cristianismo; “no” a cualquier forma de antisemitismo y condena de todo
insulto,discriminación
y persecución que se derivan. El conocimiento, el respeto y la estima mutua
constituyen el camino que, si vale en modo peculiar para la relación con los
judíos, vale análogamente también para la relación con las otras religiones.
Pienso en particular en los musulmanes, que -como recuerda el Concilio- «adoran
al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y omnipotente, creador
del cielo y de la tierra, que ha hablado a los hombres» (Nostra aetate,
5). Ellos se refieren a la paternidad de Abraham, veneran a Jesús como profeta,
honran a su Madre virgen, María, esperan el día del juicio, y practican la
oración, la limosna y el ayuno (cfr ibid).
El diálogo que necesitamos no puede ser sino abierto y
respetuoso, y entonces se revela fructífero. El respeto recíproco es condición
y, al mismo tiempo, fin del diálogo interreligioso: respetar el derecho de
otros a la vida, a la integridad física, a las libertades fundamentales, es
decir a la libertad de conciencia, de pensamiento, de expresión y de religión.
El mundo nos mira a nosotros los creyentes, nos
exhorta a colaborar entre nosotros y con los hombres y las mujeres de buena
voluntad que no profesan alguna religión, nos pide respuestas efectivas sobre
numerosos temas: la paz, el hambre, la miseria que aflige a millones de
personas, la crisis ambiental, la violencia, en particular aquella cometida en
nombre de la religión, la corrupción, el degrado moral, la crisis de la
familia, de la economía, de las finanzas y sobre todo de la esperanza. Nosotros
creyentes no tenemos recetas para estos problemas, pero tenemos un gran
recurso: la oración. Y nosotros creyentes rezamos, debemos rezar. La oración es
nuestro tesoro, a la que nos acercamos según nuestras respectivas tradiciones,
para pedir los dones que anhela la humanidad.
A causa de la violencia y del terrorismo se ha
difundido una actitud de sospecha o incluso de condena de las religiones. En
realidad, aunque ninguna religión es inmune del riesgo de desviaciones
fundamentalistas o extremistas en individuos o grupos (cfr Discurso al Congreso
EEUU, 24 de septiembre de 2015), es necesario mirar los valores positivos que
viven y proponen y que son fuentes de esperanza. Se trata de alzar la mirada
para ir más allá. El diálogo basado sobre el confiado respeto puede llevar
semillas de bien que se transforman en brotes de amistad y de colaboración en
tantos campos, y sobre todo
en el servicio a los pobres, a los pequeños, a los ancianos, en la acogida de
los migrantes, en la atención a quien es excluido. Podemos caminar juntos
cuidando los unos de los otros y de lo creado. Todos los creyentes de cada
religión. Juntos podemos alabar al Creador por habernos dado el jardín del
mundo para cultivar y cuidar como bien común, y podemos realizar proyectos
compartidos para combatir la pobreza y asegurar a cada hombre y mujer condiciones
de vida dignas.
El Jubileo Extraordinario de la Misericordia, que está
delante de nosotros, es una ocasión propicia para trabajar juntos en el campo
de las obras de caridad. Y en este campo, donde cuenta sobretodo la compasión,
pueden unirse a nosotros tantas personas que no se sienten creyentes o que
están en búsqueda de Dios y de la verdad, personas que ponen al centro el
rostro del otro, en particular el rostro del hermano y de la hermana
necesitados. Pero la misericordia a la cual somos llamados abraza a todo el
creado, que Dios nos ha confiado para ser cuidadores y no explotadores, o peor
todavía, destructores. Debemos siempre proponernos dejar el mundo mejor de como
lo hemos encontrado (cfr Enc. Laudato
si’, 194), a partir del ambiente en el cual
vivimos, de nuestros pequeños gestos de nuestra vida cotidiana.
Queridos hermanos y hermanas, en cuanto al futuro del
diálogo interreligioso, la primera cosa que debemos hacer es rezar. Y rezar los
unos por los otros, somos hermanos. Sin el Señor, nada es posible; con Él,
¡todo se convierte! Que nuestra oración pueda, cada uno según la propia
tradición, pueda adherirse plenamente a la voluntad de Dios, quien desea que
todos los hombres se reconozcan hermanos y vivan como tal, formando la gran
familia humana en la armonía de la diversidad. Gracias.
(El Papa ha dicho en español:)
Vídeo fragmento de las palabras en
español del Papa
Queridos hermanos y hermanas:
Doy la bienvenida y agradezco a todas las personas y
grupos de diversas religiones presentes en este encuentro para recordar juntos
el 50 aniversario de la Declaración del Concilio Vaticano II Nostra aetate
sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas. Con este
importante documento, la Iglesia manifestaba su aprecio y estima por los
creyentes de todas las religiones y todo lo que de bueno y de hermoso hay en
ellas. En estos últimos años han sido numerosas las iniciativas, las relaciones
institucionales o personales con las religiones no cristianas, encaminadas a
promover la amistad y la unión entre los hombres. El Señor desea que todos los
hombres se reconozcan hermanos y vivan como tales, formando la gran familia
humana en la armonía de la diversidad.
El mundo nos mira a nosotros los creyentes, nos llama
a colaborar entre nosotros y con los hombres y las mujeres de buena voluntad
que no profesan alguna religión. Es importante continuar con un diálogo
interreligioso abierto y respetuoso, que ayude a conocerse más y afrontar
juntos muchos de los problemas que afligen a la humanidad, como el servicio a
los pobres, a los excluidos, a los ancianos, la acogida a los emigrantes, el
cuidado de la creación, así como asegurar a todas las personas una vida más
digna. Debemos dejar un mundo mejor de cómo lo hemos encontrado. Y para
favorecer este diálogo lo más importante que podemos hacer es rezar. Cada uno
rece según la propia religión. Con el Señor todo es posible.
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua
española, en particular a los participantes en el V Congreso de la Fundación
Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, que se celebra en Madrid, así como a los grupos
venidos de España y Latinoamérica. Muchas gracias.
(El Papa ha añadido saludando en otros idiomas:)
Queridos hermanos y hermanas:
Dirijo un pensamiento especial a los jóvenes, a los
enfermos y a los esposos recién casados. Un especial saludo a los valientes. Al
concluir el mes de octubre invoquemos a María, la Madre de Jesús. Queridos
jóvenes, aprendan a rezarle con el rezo sencillo y eficaz del Rosario. Queridos
enfermos, que la Virgen los sostenga en la prueba del dolor. Queridos recién
casados, ¡imiten su amor a Dios y a los hermanos!
Francisco
LA IGLESIA CATÓLICA Y LA IGLESIA LUTERANA
la Iglesia Católica y la Iglesia Luterana
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El Papa firma la
Declaración. Foto: L'Osservatore Romano
“Exhortamos a todas las comunidades y parroquias
Luteranas y Católicas a que sean valientes, creativas, alegres y que tengan
esperanza en su compromiso para continuar el gran itinerario que tenemos ante
nosotros”, dice el texto.Lund, 31 Oct. 16 / 10:44 am (ACI).- El Papa Francisco y el Obispo
Munib Yunan, Presidente de la Federación Mundial Luterana firmaron una
declaración conjunta al término de la oración conjunta que celebraron en la
catedral luterana de Lund el primer día de la visita del Pontífice a Suecia.
A continuación, el texto completo de la Declaración:
«Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento
no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si
no permanecéis en mí» (Jn 15,4).
Con corazones agradecidos
Con esta Declaración Conjunta, expresamos gratitud
gozosa a Dios por este momento de oración en común en la Catedral de Lund,
cuando comenzamos el año en el que se conmemora el quinientos aniversario de la
Reforma. Los cincuenta años de constante y fructuoso diálogo ecuménico entre
Católicos y Luteranos nos ha ayudado a superar muchas diferencias, y ha hecho
más profunda nuestra mutua comprensión y confianza. Al mismo tiempo, nos hemos
acercado más unos a otros a través del servicio al prójimo, a menudo en
circunstancias de sufrimiento y persecución. A través del diálogo y el
testimonio compartido, ya no somos extraños. Más bien, hemos aprendido que lo
que nos une es más de lo que nos divide.
Pasar del conflicto a la comunión
Aunque estamos agradecidos profundamente por los dones
espirituales y teológicos recibidos a través de la Reforma, también reconocemos
y lamentamos ante Cristo que Luteranos y Católicos hayamos dañado la unidad
vivible de la Iglesia.
Las diferencias teológicas estuvieron acompañadas por el prejuicio y por los
conflictos, y la religión fue instrumentalizada con fines políticos. Nuestra fe
común en Jesucristo y nuestro bautismo nos pide una conversión permanente, para
que dejemos atrás los desacuerdos históricos y los conflictos que obstruyen el
ministerio de la reconciliación. Aunque el pasado no puede ser cambiado, lo que
se recuerda y cómo se recuerda, puede ser trasformado. Rezamos por la curación
de nuestras heridas y de la memoria, que nublan nuestra visión recíproca.
Rechazamos de manera enérgica todo odio y violencia, pasada y presente,
especialmente la cometida en nombre de la religión. Hoy, escuchamos el
mandamiento de Dios de dejar de lado cualquier conflicto. Reconocemos que somos
liberados por gracia para caminar hacia la comunión, a la que Dios nos llama
constantemente.
Nuestro compromiso para un testimonio común
A medida que avanzamos en esos episodios de la
historia que nos pesan, nos comprometemos a testimoniar juntos la gracia
misericordiosa de Dios, hecha visible en Cristo crucificado y resucitado.
Conscientes de que el modo en que nos relacionamos unos con otros da forma a
nuestro testimonio del Evangelio, nos comprometemos a seguir creciendo en la
comunión fundada en el Bautismo, mientras intentamos quitar los obstáculos
restantes que nos impiden alcanzar la plena unidad. Cristo desea que seamos
uno, para que el mundo crea (cf. Jn 17,21).
Muchos miembros de nuestras comunidades anhelan
recibir la Eucaristía en una mesa, como expresión concreta de la unidad plena.
Sentimos el dolor de los que comparten su vida entera, pero no pueden compartir
la presencia redentora de Dios en la mesa de la Eucaristía. Reconocemos nuestra
conjunta responsabilidad pastoral para responder al hambre y sed espiritual de
nuestro pueblo con el fin de ser uno en Cristo. Anhelamos que sea sanada esta
herida en el Cuerpo de Cristo. Este es el propósito de nuestros esfuerzos
ecuménicos, que deseamos que progresen, también con la renovación de nuestro
compromiso en el diálogo teológico.
Pedimos a Dios que Católicos y Luteranos sean capaces
de testimoniar juntos el Evangelio de Jesucristo, invitando a la humanidad a
escuchar y recibir la buena noticia de la acción redentora de Dios. Pedimos a
Dios inspiración, impulso y fortaleza para que podamos seguir juntos en el
servicio, defendiendo los derechos humanos y la dignidad, especialmente la de
los pobres, trabajando por la justicia y rechazando toda forma de violencia.
Dios nos convoca para estar cerca de todos los que anhelan dignidad, justicia,
paz y reconciliación. Hoy, en particular, elevamos nuestras voces para que
termine la violencia y el radicalismo, que afecta a muchos países y
comunidades, y a innumerables hermanos y hermanas en Cristo. Nosotros,
Luteranos y Católicos, instamos a trabajar conjuntamente para acoger al
extranjero, para socorrer las necesidades de los que son forzados a huir a
causa de la guerra y la persecución, y para defender los derechos de los
refugiados y de los que buscan asilo.
Hoy más que nunca, comprendemos que nuestro servicio
conjunto en este mundo debe extenderse a la creación de Dios, que sufre
explotación y los efectos de la codicia insaciable. Reconocemos el derecho de
las generaciones futuras a gozar de lo creado por Dios con todo su potencial y
belleza. Rogamos por un cambio de corazón y mente que conduzca a una actitud
amorosa y responsable en el cuidado de la creación.
Uno en Cristo
En esta ocasión propicia, manifestamos nuestra
gratitud a nuestros hermanos y hermanas, representantes de las diferentes
Comunidades y Asociaciones Cristianas Mundiales, que están presentes y quienes
se unen a nosotros en oración. Al comprometernos de nuevo a pasar del conflicto
a la comunión, lo hacemos como parte del único Cuerpo de Cristo, en el que
estamos incorporados por el Bautismo. Invitamos a nuestros interlocutores
ecuménicos para que nos recuerden nuestros compromisos y para animarnos. Les
pedimos que sigan rezando por nosotros, que caminen con nosotros, que nos
sostengan viviendo los compromisos de oración que manifestamos hoy.
Exhortación a los Católicos y Luteranos del mundo
entero
Exhortamos a todas las comunidades y parroquias
Luteranas y Católicas a que sean valientes, creativas, alegres y que tengan
esperanza en su compromiso para continuar el gran itinerario que tenemos ante
nosotros. En vez de los conflictos del pasado, el don de Dios de la unidad
entre nosotros guiará la cooperación y hará más profunda nuestra solidaridad. Nosotros,
Católicos y Luteranos, acercándonos en la fe a Cristo, rezando juntos,
escuchándonos unos a otros, y viviendo el amor de Cristo en nuestras
relaciones, nos abrimos al poder de Dios Trino. Fundados en Cristo y dando
testimonio de él, renovamos nuestra determinación para ser fieles heraldos del
amor infinito de Dios para toda la humanidad.
viernes, 28 de octubre de 2016
COMUNICADO CONJUNTO DE CRISTIANOS Y MUSULMANES SOBRE EL EXTREMISMO, EL DIÁLOGO Y LA PAZ
COMUNICADO
CONJUNTO DE CRISTIANOS Y MUSULMANES SOBRE EL EXTREMISMO, EL DIÁLOGO Y LA PAZ.
Comunicado conjunto emitido por las delegaciones que representan al Consejo Mundial de Iglesias y al Consejo Musulmán de Ancianos en la reunión celebrada del 30 de septiembre al 1 de octubre de 2016 en Ginebra (Suiza).
La reunión histórica del Consejo Mundial
de Iglesias (CMI) y el Consejo Musulmán de Ancianos, presidida por el gran imán
de Al-Azhar, Su Eminencia el Prof. Dr. Ahmad al-Tayyeb, tuvo lugar en la sede
del CMI en Ginebra y en su Instituto Ecuménico del Château de Bossey (Suiza) del
30 de septiembre al 1 de octubre de 2016. La delegación del Consejo Mundial de
Iglesias –encabezada por la Dra. Agnes Abuom, moderadora del Comité Central del
CMI, y el Rev. Dr. Olav Fykse Tveit, secretario general– dio una calurosa
bienvenida al gran imán y a la delegación del Consejo Musulmán de Ancianos.
Hubo dos sesiones de conversaciones
sobre aspectos clave del diálogo interreligioso, la lucha contra el extremismo
religioso y la construcción de la paz. La reunión también contó con una
conferencia pública a cargo del gran imán sobre el papel de los dirigentes
religiosos en la construcción de la paz. Esta ponencia tuvo lugar en el
Instituto Ecuménico de Bossey como parte de las celebraciones con motivo de su
70º aniversario.
La principal preocupación de la reunión
era la paz y, concretamente, el papel de las religiones, los dirigentes
religiosos y las organizaciones confesionales a la hora de crear una cultura de
paz y prácticas de consolidación de la paz. Como hijos de Abrahán, estamos de
acuerdo en que la humanidad fue creada para compartir los dones del amor y la
compasión, la paz y la misericordia, y la honestidad y la sinceridad.
El fructífero debate de la reunión se
centró especialmente en el papel fundamental de las religiones y los dirigentes
religiosos en la construcción de la paz, la interrelación entre la pobreza y la
violencia causada por motivos religiosos, la importancia de la instrucción
religiosa y la cooperación interreligiosa como medios para combatir el
extremismo al mostrar señales de esperanza, y la necesidad de permitir que los
jóvenes sean miembros plenos de sus sociedades y sus comunidades religiosas. En
la reunión se afirmó asimismo la necesidad de que los miembros de todas las
comunidades religiosas tengan los mismos derechos y responsabilidades como
ciudadanos en sus respectivos países.
Nos comprometemos a trabajar juntos en
el próximo año sobre los siguientes puntos:
- Rechazar todas las formas de extremismo y discriminación basadas en la
religión, la raza, el sexo y el origen étnico.
- Alentar a los líderes espirituales a que trabajen con los organismos y
autoridades nacionales competentes para mejorar la presentación y
enseñanza de la religión.
- Apoyar y reproducir iniciativas como la “Casa de la Familia” creada
por Al Azhar y la Iglesia Ortodoxa Copta en Egipto.
- Analizar juntos las maneras de afirmar las contribuciones vitales que
las mujeres pueden hacer, especialmente a la construcción de la paz
inspirada en la religión.
- Fortalecer el compromiso de la gente joven en nuestras comunidades
religiosas.
- Promover el fin de la carrera armamentística que amenaza la seguridad
de todos los pueblos, y alentar en su lugar el uso de los recursos
nacionales para combatir la pobreza, la ignorancia y las enfermedades que
oprimen tanto a los países pobres como a los ricos.
Apelamos a todos los dirigentes
religiosos para que trabajen y luchen por la justicia y la paz para una
humanidad.
Al final de la reunión, ambas partes
acordaron continuar y convocar una próxima reunión en marzo de 2017 en El Cairo
(Egipto).
martes, 25 de octubre de 2016
Está
estrechamente vinculado con la escucha.
Podemos
preguntarnos y ¿qué hacemos en el vacío? La respuesta es escuchar, escuchar nítidamente
la voz del Otro, de los otros y de nosotros mismos, que es esencial en
cualquier diálogo y mucho más en el inter-religioso en el que las partes somos
tan diferentes. Para ello necesitamos cierto silencio tanto interior como exterior.
La auténtica
búsqueda nos conduce hacia el sonido del Absoluto venga desde donde venga, y
nos aleja del ruido de nuestro propio ego y del mundo.
La
escucha está muy relacionada con el cerebro profundo, con la intuición, la
contemplación. En cambio el hablar es más cortical, más superficial.
La
escucha es una actitud esencial en todas las religiones:
*“Escucha, hijo, los preceptos del Maestro, e
inclina el oído de tu corazón”, le dice San Benito al que se acerca al monacato.
*“Shema Israel”, escucha Israel (Escucha Israel,
el Señor nuestro Dios es uno).
*El
almuecín canta varias veces al día el “adhan”
(que deriva de dn:oir), la llamada a la oración, para convocar a los fieles
musulmanes.
Tenemos que ser conscientes de que en el
diálogo interreligioso no estamos
escuchando cualquier palabra, es una Palabra que, como mínimo, ha conducido
a millones de seres humanos y durante cientos de años hacia Dios, la Verdad, la
plenificación. Es una Palabra que ha producido seres humanos extraordinarios,
santos, y que tenemos la dicha de poder oír, quizás por primera vez, gracias a
nuestro interlocutor.
Necesita una atención vigilante
y una consciencia lúcida.
Los primeros monjes
cristianos ya se dieron cuenta de que oír y escuchar no eran procesos
sinónimos, la diferencia se encontraba en la atención, que era un gran foco con
el que podían iluminar los fenómenos de la realidad. En la medida en que se
hallasen más despiertos y conscientes estarían más capacitados para
comprometerse con la vida que Dios les regalaba.
La atención
y la consciencia son dos elementos esenciales para el conocimiento en general y
mucho más cuando se trata de algo tan novedoso como puede resultar otra
religión. Necesitamos una atención potente, una mente ecuánime y una
consciencia libre de prejuicios para poder comprender otros principios.
Nuestro pensamiento, la
consciencia, siempre rebusca en el baúl de la memoria alguna imagen con la que
comparar la realidad para entenderla, por lo que tenemos que permanecer vigilantes
para no desvirtuar su novedad y diferencia y llevarlos a nuestro terreno. Son
grandes las diferencias y las dificultades de entendimiento entre el universo
racional occidental y el conocimiento espontaneo y directo oriental, por lo que
necesitamos cultivar mucho la consciencia.
Resulta muy
relevante que todas las
religiones coinciden en la importancia que otorgan a la atención. Para las
tradiciones orientales es casi la quintaesencia, pero también es fundamental
para los cristianos, judíos y musulmanes. Si bien los fines son diferentes, el
instrumento es el mismo y en su estudio y desarrollo podríamos converger los
fieles de las religiones del mundo. ¿Y
si la atención se convirtiera en el nexo de unión de las grandes tradiciones
religiosas y filosóficas mundiales?
martes, 23 de agosto de 2016
Características del diálogo intra-religioso
Precisa hacer
espacio.
Es muy conocida la historia zen del
maestro que llena la taza del té de su ilustre visitante hasta derramarlo por
la mesa, y ante la queja de este: “¿Acaso no ve que la taza está repleta y que no cabe nada
más?”, el maestro contesta: “Por supuesto que lo veo, y de la misma manera
advierto que no puedo enseñarle nada, su mente ya está también saturada”.
El primer movimiento para el “encuentro” es el de hacer espacio al Otro
y a los otros. En este sentido resulta muy ilustrativa la imagen de la creación
de la Cábala judía. El universo nace cuando Dios se retrae para que podamos
existir; ya que de otra manera su plenitud absoluta ahogaría toda
diferenciación. El espacio en el que existimos es el hueco dejado por la
divinidad: “Dios se halla omnipresente en la medida en que se ha hecho
nada”.
El encuentro intra-religioso solo puede
nacer en el espacio vacío que hacemos en nuestro interior mediante el anonadamiento,
el vaciamiento de la propia voluntad para acoger la voluntad Divina, es una Kénosis
(kenóo=vaciar).
Un
modelo lo tenemos en Cristo que siendo en forma de Dios, no consideró ello como
algo a que aferrarse; sino que vaciándose (ekénosen) a sí mismo, tomó forma de
siervo... (Flp 2,6-7).
Es
muy importante para el encuentro con las religiones la paradoja de que la
identidad de Dios no se diluye en la medida que acoge la naturaleza humana; al
contrario al aceptar el despojamiento, la vacuidad, ha manifestado su amor y ha
sido proclamado el Señor.
Juan
Bautista también lo vive intensamente y manifiesta: “Es necesario que Él crezca y yo disminuya” (Jn 3,30).
Ambas
intuiciones se pueden trasladar al diálogo intra-religioso, que no solo precisa el “vacío” sino que también lo
produce y, en ese sentido, es fuente de gracia.
viernes, 19 de agosto de 2016
30 ANIVERSARIO DE LAS JORNADAS DE ASIS
Francisco, Bartolomé y 400 líderes religiosos participan en el 30 aniversario de las jornadas de Asís
"Sed de paz, religiones y culturas en diálogo", lema de la iniciativa interreligiosa
Bartolomé y Francisco
Francisco regresará de nuevo a Asís el próximo 20 de septiembre, después de haberla visitado el pasado 4 de agosto, en esta ocasión para participar a la clausura de la Jornada Mundial de Oración por la Paz que promueve la asociación católica Comunidad de san Egidio.
Francisco participará así en esta iniciativa interreligiosa bajo el nombre "Sed de paz. Religiones y culturas al diálogo" que se celebrará del 18 al 20 de septiembre y en la que está prevista la participación de 400 líderes religiosos de varias confesiones, entre ellos el patriarca ortodoxo Bartolomé I, informa Efe.
El papa argentino viajó el pasado 4 de agosto a Asís en ocasión del octavo centenario del Perdón de Asís y allí se detuvo a rezar en la capilla de la Porciúncula, levantada en el lugar donde san Francisco vivió y murió y fundó la orden franciscana, y que se encuentra en el interior de la basílica.
El anuncio lo dio hoy el portavoz del Sacro Convento de Asís, Enzo Fortunato y fue confirmado por el Vaticano, que no dio más detalles sobre la visita.
CARACTERISTICAS DEL DIÁLOGO INTRA-RELIGIOSO
Es
favorecido por la profundidad y autenticidad de los interlocutores.
Es
imprescindible buscar auténticos interlocutores de las otras tradiciones para no
perdernos; caer en errores, sectas o doctrinas poco seguras.
Pero también
tenemos que saber que “Cuanto más honda sea
nuestra experiencia de Dios más lejos podemos llegar”. Una mayor
profundidad nos ayuda a percibir la presencia de Dios en todos los lugares: “Dios es una esfera infinita cuyo centro
está en todas las cosas y su circunferencia en ninguna”.
En la medida en
que profundizamos, en que nuestra búsqueda es más radical, es más sencillo el
compartir experiencias con los auténticos buscadores de las otras tradiciones.
Por el contrario, cuanto más superficial es nuestra práctica más sentimos el miedo
y ponemos más barreras a la comunicación.
¿Quiénes
son estos buscadores? Son los “mónacos”,
aquellos que buscan unificarse con el Único. Existen en todas las tradiciones religiosas y tienen muchas vivencias comunes por lo que
podemos hablar de un “arquetipo” del
ser humano. Se caracterizan por su compromiso radical en la búsqueda
espiritual: “quemar los barcos para
hundirnos en una arriesgada búsqueda de la verdad”. Su ideal es no apropiarse de nada para vivir libres y desposeídos en pos del
Absoluto. Esa libertad les permite identificarse con todo aquello que
tenga un genuino valor espiritual sea de la religión que sea y participar en un
“dialogo de vida” compartiendo las riquezas espirituales tales como la oración,
la contemplación, la fe o los caminos de la búsqueda de Dios y del Absoluto.
En el cristianismo tenemos la figura del “monje”: Evagrio Póntico, uno de los grandes
monjes del siglo IV, nos dice: “Monje es aquel que está separado de todos y
unido a todos”. “Monje es aquel que se siente uno con todos por la costumbre de
verse a sí mismo en cada uno”. Es sorprendente porque, a pesar de
alejarse físicamente de la sociedad, o quizás gracias a ello, son especialmente
sensibles a todos los problemas e interrogantes de los hombres y viven de forma
extraordinaria la caridad y la acogida a todo tipo de personas. Por esto la Iglesia católica manifiesta que: “la experiencia monástica es un puente entre las religiones” y encargo a la familia benedictina liderar el
intercambio de vida con las tradiciones monásticas de otras religiones, dando
nacimiento al DIM.
En
el islam se manifiesta en el sufismo. El Sufi, que
significa revestido de pobreza, se caracteriza por la sumisión y abandono
totales en el absoluto de Dios.
En
el hinduismo, es el sannyasa, el renunciante.
En el budismo,
el bhikshu, el mendicante]
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